la cocina. gestionar para ganar
Hola caminante!!
Nos detenemos esta semana en el bastidor de la puesta en escena culinaria. ¿A qué nos referimos? A la cocina, o lo que es lo mismo, al trasfondo de un teatro en constante dinamismo.
La cocina es y sigue siendo el lugar donde creamos el producto gastronómico, aquel que luego se disfruta en la sala. Sin embargo, con la llegada de las nuevas tecnologías y los cambios en el trabajo del personal, hemos pasado del taller de un artesano a una verdadera fábrica. Con la productividad como objetivo, sin detrimento alguno de la calidad, ¿qué te parece si repasamos las posibilidades de nuestros recursos?
Ser competitivos
En la cocina, como en cualquier rincón de la vida empresarial, ha aterrizado una serie de cambios en los últimos años. La globalización de los productos y los públicos, los gustos y necesidades de los clientes o la aplicación de nuevas tecnologías nos marcan la manera de funcionar entre fogones. Por ello, para alcanzar la competitividad en nuestro sector debemos fijarnos en todos estos factores.
Como en cualquier firma, en la restauración atendemos a tres criterios básicos para hablar de un funcionamiento fluido: eficacia, eficiencia y productividad. La primera se da cuando logramos con los mínimos instrumentos, el máximo rendimiento. La eficiencia se basa en obtener las metas propuestas. Por último, la productividad es la relación entre medios y resultados, sin variar la calidad.
Pero, ¿cómo logramos estos objetivos, caminante? Básicamente podríamos decir que sacando el máximo provecho de nuestros recursos técnicos, materiales y humanos. Del buen engranaje y planificación de los mismos dependerá el éxito del producto final.
Sin embargo, no olvidemos que lo que –a largo plazo- hace diferente a una empresa es el personal. Y es que, si bien la técnica y la tecnología pueden llegar a ser exactamente iguales en cualquier módulo de trabajo, la atmósfera y las sensaciones que las personas crean en el comensal constituye nuestro mayor activo.
Las técnicas: planear para acertar
En la administración de una empresa del sector servicios, salvo en restaurantes de autor o tradicionales, hemos comenzado a basarnos en criterios más industriales que familiares.
En muchos bistrot, por ejemplo, cada empleado ocupa su lugar, encajando las piezas que vienen desgranadas para formar un plato sencillo. Al mismo tiempo, debemos gestionar la compra con antelación y sin lugar a improvisaciones. Muchas labores que antes hacíamos en el interior del local comenzamos a delegarlas en proveedores externos (dígase la elaboración de la carta de postres o la limpieza).
Estas novedades debemos tomarlas como oportunidades de crecimiento, más que como variaciones adversas. Si aprovechamos el ahorro de tiempo en otros menesteres, el jefe de cocina, pongamos por caso, podrá emplearlo en producción e innovación.
Las máquinas: más por menos
La tecnología, desde luego, nos ha ayudado a aumentar la productividad. Podemos hablar de un rendimiento mayor tanto en las materias primas como en el resultado de la automatización. Si a un mismo género le podemos extraer más partido, salimos ganando. Es el caso de las comidas elaboradas al vacío, que nos permiten ahorrar en tiempo, espacio, personal y cantidad; o del aprovechamiento de una misma materia prima para muchas elaboraciones, como hacen los establecimientos monotemáticos (hamburgueserías, pizzerías, bocadillerías, tabernas de pinchos, etc).
Por otra parte, las nuevas tecnologías, nos pueden ayudar a producir más efectivos en menor tiempo (por ejemplo, el microondas nos dispone un número mayor de platos calientes que si los tuviésemos que regenerar con otra técnica). Al mismo tiempo, mientras que los aparatos efectúan sus funciones, el personal puede dedicarse a otras labores (a la hora del desayuno, si una rebanadora nos trocea el pan, el empleado puede atender la confección de macedonias).
Evidentemente esta reducción de personal viene dada por una circunstancia clave en el ámbito de la hostelería, como es que desde los fogones no entramos en trato directo con el cliente. Por tanto, podemos permitirnos el lujo de mecanizar sin que vaya en detrimento de la excelencia en el servicio.
Las personas: especialización y versatilidad
Actualmente buscamos el perfil de un profesional preparado para sus funciones, a la vez que capaz de ejercer distintas tareas. Es decir, tendemos a una especialización por sectores pero, una vez conseguido este objetivo, exigimos movilidad.
Gracias a la formación académica, los nuevos restauradores se incorporan a sus puestos con un grueso potencial. Esos conocimientos, que tras unos meses de stage o prácticas se convierten en valor añadido, revertirán en nuestro beneficio. Simplemente, y reduciéndolo a términos económicos, podemos plantearnos la incorporación de estudiantes como una inversión.
La flexibilidad se refleja en la cocina en diversos aspectos. Por ejemplo, hay establecimientos de autoservicio que hacen que los puestos de sala y cocina lleguen a ser intercambiables. Sin llegar a este extremo, bien es cierto que las funciones específicas de un mismo nivel, aunque existan, deberían ser asumibles por cualquier persona (por ejemplo, que un ayudante de cocina esté ducho en los deberes de desayuno tanto como en los de cena).












































































































































































































































































































